El Comisario Francisco Romay

en el recuerdo de Don José Gobello.



ace unos años publiqué "Gardel visto por un comisario del Abasto", artículo en el cual presentaba las opiniones del Comisario Francisco Luis Romay, quien había desempeñado funciones en el barrio de nuestro Cantor y, por tanto, conocía su ritmo de vida y amistades.
Para describirlo utilicé las palabras de su discípulo Plácido Donato -que merece absoluta confianza por la convivencia laboral que hubo entre ellos- y muy pronto el Sr. Florentino Ferreyra aportó su "Semblanza del Comisario Francisco Luis Romay" , ofreciendo interesantes detalles sobre su trayectoria laboral, su actividad periodística y sus valores ético-morales.


Don José Gobello, autor de las palabras que motivan esta nota.

Para enriquecer aquel antiguo artículo incorporo hoy la Comunicación N° 1.133 de la Academia Porteña del Lunfardo, en la cual constan las

Palabras pronunciadas por el señor Académico de Número don José Gobello en la sesión del 2 de mayo de 1987.

FRANCISCO L. ROMAY

Señor Presidente:

El 23 de este mayo se cumplirán quince años de la muerte del señor Académico Fundador don Francisco L. Romay, quien durante nueve ocupó el sillón "Carlos Mauricio Pacheco". Creo, señor Presidente, que la Academia no somos sólo nosotros, nuestros Correspondientes, nuestros Amigos y nuestros Protectores. Nuestros muertos también son la Academia, porque contribuyeron a formarla, con su trabajo y con la impronta de su personalidad. No sólo están presentes entre nosotros en el recuerdo; lo están en sus obras, de las que todos somos beneficiarios. Es bueno honrarlos cuando ya nada pueden darnos que no nos hayan dado antes, cuando nada podemos ya esperar de ellos sino la guía de su ejemplo.

Romay se contó entre los diez escritores y periodistas que el 21 de diciembre de 1962 firmamos el acta fundacional de esta institución. Traía un gran pestigio intelectual, acrecentado poco antes con la publicación de su "Diccionario Histórico Argentino", vasta empresa que inició y llevó a término juntamente con Ricardo Piccirilli y Leoncio Gianello. Es una pena que esa obra, tan importante como útil, no forme parte de nuestra biblioteca. Yo sugeriría que pesquisáramos algún ejemplar -tarea ardua, puesto que la edición se agotó prestamente- para tratar de capturarlo, en el mejor sentido de la palabra.

Fue Romay un serio y laborioso investigador. Abrazó, de joven, la carrera policial, pero nunca abandonó su vocación primera, la periodística y hasta sus altos años -murió a los 84- colaboró en "El Agentino" de Chascomús, su ciudad natal. Sirvió, de todos modos, a la Policía Federal en los despachos que ocupó -hasta el de comisario inspector- y en las misiones que se le confiaron, y también investigando y escribiendo la historia de su institución. Rico fruto de sus investigaciones y de su prosa clara y elegante son sus libros "Antiguos servidores policiales", "Alcatraz", "Los serenos de Buenos aires", "El barrio de Monserrat" y, particularmente, su "Historia de la Policía Federal". Dejó también una "Historia de Chascomús".

Algunos señores Académicos recordarán todavía la bella fiesta que le ofrecimos en la que era mi casa de San Isidro -lujo de los tiempos en que con menos dinero teníamos más- cuando cumplió sus ochenta años. Nos dijo entonces que estaba pasando una de las noches más felices de su vida. ¿Puede aspirar esta Academia a un destino mejor que el de hacer feliz a la gente que merece serlo?

Ya no está Romay; ya se ha ido también su compañera inseparable y amiga leal de esta Academia, doña Blanca Zanelli. Pero, si vivir es hacer con las cosas, aquí hay muchas de las cosas que ellos hicieron y en ellas están ellos.

Buenos Aires, 2 de mayo de 1987

José Gobello
Académico de Número
Titular del sillón "Benigno B. Lugones"



Cabe señalar que por entonces el maestro del lenguaje porteño autor de esta Comunicación Académica era secretario de la institución y su presidente, Don Sebastián Piana.


Ana Turón
Azul, enero 22 de 2014